Pues no. No me da la gana.
Y eso que tengo una relación especial con ese nombre.
A pesar de ello y de todo, no quiero.
¿Y si me apetece quedarme en casa?
Pues eso es lo que he hecho y no me arrepiento. Si no quiero salir, no salgo.
Sea el 1 de enero, el 15 de agosto o el día 13 del mes 13.
Página de Archivo 2
Amazing what that boy has done!
1st collector for Bohemian Rhapsody for Four Violins
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Dentro de unos años, con la nueva nueva re-nueva generación de iPod, deberían inventar el aparato que pueda reproducir el estilo de música según cómo te sientas en ese momento. Así yo no tendría que hacerme más listas de reproducción y luego buscarlas; las haría él solito. Percibiría mi estado de ánimo y me pondría canciones suaves o salvajes, notaría mis ganas de dormir o mis ganas de romperle la cara a alguien, se daría cuenta de mi tristeza o de mi miedo.
Eso sí, no quiero uno que me dé palmaditas en el hombro y que me consuele; ahí sí que prefiero la participación humana.
Una de las canciones que me gustaría que mi nuevo iPod me pusiera en este momento:
Changes de 3 doors down
repaso de primero
Qué bien me siento, aun habiendo estudiado solo un curso de traducción, cuando voy a ver la revista El Trujamán y me encuentro un artículo de Clara Janés que hace referencia a algunas de las cosas con las que nos han estado martilleando durante todo el año. Será que verdaderamente es útil lo que nos enseñan… Claro, es que vengo del instituto y todavía no entiendo el concepto de «aplicable a la vida real».
Reconozco el texto de San Jerónimo y su frase clave «non verbum e verbo, sed sensum exprimere de sensu», y reconozco la maldición traduttore traditore. Reconozco también ese intento de búsqueda de la equivalencia (sí, a nadie le gusta esta palabra, got it) entre las expresiones, de comprender lo que significa para el hablante del idioma original y luego de reproducir ese mismo significado en tu propia lengua… Todo son intentos. Y cuando quedas más o menos satisfecha, aparecen los “¿y si…?” y no, no te devuelven el dinero.
[...] Supongamos que en una novela inglesa un personaje dice: “It’s raining cats and dogs”. Sería un simple el traductor que, pensando que está diciendo lo mismo, lo tradujera literalmente como “llueve perros y gatos”, y no como “llueve a cántaros” o “caen chuzos de punta”. Ahora bien, ¿qué pasaría si se tratara de una novela de ciencia ficción, escrita por un adepto de las denominadas ciencias “fortianas”, que relatara que, de verdad, llueven perros y gatos? Se traduciría literalmente, de acuerdo. ¿Y si el personaje estuviera yendo a ver al doctor Freud para contarle que sufre una curiosa obsesión por perros y gatos, por los que se siente amenazado incluso cuando llueve? Seguiría traduciéndose literalmente, pero se perdería el matiz de que el Hombre de los Gatos también está obsesionado por las expresiones idiomáticas. ¿Y si en otra novela el que dice que están lloviendo perros y gatos fuera un estudiante de inglés de la academia Berlitz que no consigue sustraerse a la tentación de adornar su discurso con deplorables anglicismos? Si hubiera que traducirlo literalmente, en este caso al inglés, el lector profano no entendería que se está usando un anglicismo. ¿Cómo se vertería esa pose anglicanizante? ¿Debería cambiársele la nacionalidad al personaje y hacer que se convirtiera en un inglés con poses italianizantes?, ¿o en un obrero de Londres que ostenta sin éxito un acento de Oxford? Sería una licencia insoportable. ¿Y si “It’s raining cats and dogs” lo dijera, en inglés, un personaje de una novela francesa?, ¿cómo se traduciría al inglés? [...]
Decir casi lo mismo, Umberto Eco
Traducción de Helena Lozano
mamá, quiero irme a casa
Mamá, ven a buscarme. Ven a buscarme y llévame a casa contigo. Dame de comer algo rico, calentito, con vitaminas. Prepara mi camita y cuéntame cualquier cosa hasta que me quede dormida. Y no dejes que me despierte. No quiero despertarme hasta dentro de un mes. O dos. Mamá, llama a la uni y diles que no voy. No hago los exámenes. Pero que se apiaden de mí y que me aprueben. Mamá, me estoy volviendo loca. Hoy me he despertado y ya estaba en la sala de estudio. Y mis apuntes conmigo. Me persiguen hasta cuando me voy a refrescar las ojeras en el baño. Dejadme en paz, quiero dormir un rato. Quiero comerme mi sandwich de choped y no pensar cómo se escribe “sandwich de choped”. Mamá, cómprame otro bote de Nescafé. El último ya me lo he acabado. O fueron los apuntes. Ya no los veo, ya no veo nada a más de un metro. La miopía campa a sus anchas. Y el polen. Todos contra mí. Y el tiempo. Socorro. Ayuda. Mamá, quiero irme a casa.
¡achís!
Todas las estaciones tienen algo bueno y algo malo.
En verano hay vacaciones, celebraciones, pero hace demasiado calor.
En otoño las hojas de los árboles crujen cuando las pisas y la brisa es agradable, pero vuelve la rutina.
En invierno hace frío y viento, pero los árboles están desnudos y blancos y en casa hace calorcito.
La primavera es renacimiento, color y cantos de pájaros, pero la naturaleza se vuelve contra mí y mi nariz contra ella. Maldita alergia.
A pesar de eso, ¡os deseo una feliz primavera!
Lo último en los restaurantes de comida rápida es cuidar la línea. Bueno, no se sabe si lo que pretenden es ayudar a cuidar la línea, crear algún tipo de adicción o hacer que nos piten las uñas de los pies cuando pasamos por las alarmas de las tiendas (al final es todo marketing).
He estado mirando la página web de uno de los muchíiisimos negocios que hay de este tipo (mayormente en EEUU, claro) y por casualidad, me he encontrado algo bastante sorprendente.
El sitio muestra un archivo .pdf con datos sobre nutrición con las calorías de todas sus comidas y los ingredientes de algunas de ellas. Pues una de las salsas contiene, y copio lo que pone:
Aderezo de mostaza y miel con bajo contenido graso: agua, jarabe de maíz con alto contenido de fructosa, vinagre destilado, miel, aceite de soya, azúcar, maltodextrina, almidón de maíz concentrado, semillas de mostaza, sal, dióxido de titanio, yema de huevo, benzoato de sodio (conservante), especias, sabor natural y artificial, goma xantana, suero lácteo cultivado, inosinato disódico, guanilato disódico, cúrcuma, disodio de calcio EDTA (protector del sabor), amarillo #5, coloreado y saborizado con paprika de oleoresina. CONTIENE: HUEVO, LECHE.
La verdad es que no sé demasiado de sustancias químicas, pero me ha parecido un nombre extraño, incluso un tanto peligroso, para una lista de ingredientes “normal y corriente”. Así que he ido a consultar la fiable sobre-todo-cuando-quiero-tener-razón Wikipedia y me ha dicho que el dióxido de titanio se utiliza, entre otras cosas, para producir plásticos, pinturas, tintas de impresión, etc., ya que es una sustancia muy blanca y opaca. Menos mal, no es tóxico.
Muy bonito. Pero, ¿para qué quieren que una salsa de hamburguesa o de perrito o de ensalada sea blanca o un poco más blanca? ¿Tiene que absorber la luz por el resto de los alimentos o algo así? ¿Nos quieren lavar la boca para que no critiquemos más a las cadenas de comida rápida? Igual se come toda la mierda que nos hemos tragado en todos estos restaurantes y por eso es una salsa “baja en contenido graso”.
Yo solo sé que cada vez me gustan menos este tipo de comidas. Y será por algo. Hasta ellos mismos han tenido que cambiar sus menús y su manera de vender. Que uno se pone como un toro y llega un momento en que ya no puede bajar al burger de la esquina porque no cabe por la puerta. Pero a ver si va a ser peor el remedio que la enfermedad…
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