02
sep
11

septiembre, otra vez

Se acaba el verano y vienen las depresiones.

El síndrome posvacacional es uno de los más comunes estos días. Es septiembre y los bronceados vuelven a sus jaulas.
También está la depresión tras el erasmus, que dura todo el verano y se acentúa cuando te das cuenta de que tienes que volver a tu vieja universidad (afortunadamente a mí esa hasta el año que viene no me toca).
Pero hay otras depresiones buenas, como la de post-exámenes de septiembre (o examiembres, según una estudiante de Medicina). Eres feliz por haberlos hecho pero a la vez sientes un vacío en tu reloj, porque ya no sabes en qué emplear todas esas horas que antes pasabas en la biblioteca. Una idea: vete a tomar un poco el sol mientras quede porque el moreno bibliotequero no te favorece mucho.

Además de las típicas depresiones de temporada, tenemos las de año.

Famosa la del cuarentón o cincuentón comprando un coche bonito y poco práctico. O la de un treintañero que se nota las arrugas y quiere tener hijos (a pesar de no tener un sueldo fijo) o una pareja más joven.
Pues yo, queridos amigos, acabo de inventar otra crisis de año: la de los 20.  No me parecía justo que todos los números acabados en 0 tuvieran su crisis y los 20 no, pobrecillos.
La crisis de los 20 coincide con la certeza de que no crecerás más (vaya, me faltaban apenas 20 cm para el 1,80) y por lo tanto tienes que empezar a comer menos chocolate. Coincide con tu emigración a otra ciudad para encontrar tu carrera y la obligación de tener que prepararte la comida, que no queda como la de mamá. Y bajan tus defensas, pero tú sigues haciendo el loco y acabas peor y tardas más en curar. Las resacas, incluidas las de estudiar, te duran más y ya no llegas a la parada antes de que el autobús se marche.

Oh, pero si parece que fue ayer cuando se me caían los dientes de leche y ya dicen que me van a tener que arrancar el juicio. Cómo pasa el tiempo.

Creo que me voy a acercar a algún colegio, a ver si me pillo unos piojos y puedo pasar más tiempo con mi madre y la peluquera, rememorando, mientras nos tomamos un helado de chocolate bajo en calorías.


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