Qué bien me siento, aun habiendo estudiado solo un curso de traducción, cuando voy a ver la revista El Trujamán y me encuentro un artículo de Clara Janés que hace referencia a algunas de las cosas con las que nos han estado martilleando durante todo el año. Será que verdaderamente es útil lo que nos enseñan… Claro, es que vengo del instituto y todavía no entiendo el concepto de «aplicable a la vida real».
Reconozco el texto de San Jerónimo y su frase clave «non verbum e verbo, sed sensum exprimere de sensu», y reconozco la maldición traduttore traditore. Reconozco también ese intento de búsqueda de la equivalencia (sí, a nadie le gusta esta palabra, got it) entre las expresiones, de comprender lo que significa para el hablante del idioma original y luego de reproducir ese mismo significado en tu propia lengua… Todo son intentos. Y cuando quedas más o menos satisfecha, aparecen los “¿y si…?” y no, no te devuelven el dinero.
[...] Supongamos que en una novela inglesa un personaje dice: “It’s raining cats and dogs”. Sería un simple el traductor que, pensando que está diciendo lo mismo, lo tradujera literalmente como “llueve perros y gatos”, y no como “llueve a cántaros” o “caen chuzos de punta”. Ahora bien, ¿qué pasaría si se tratara de una novela de ciencia ficción, escrita por un adepto de las denominadas ciencias “fortianas”, que relatara que, de verdad, llueven perros y gatos? Se traduciría literalmente, de acuerdo. ¿Y si el personaje estuviera yendo a ver al doctor Freud para contarle que sufre una curiosa obsesión por perros y gatos, por los que se siente amenazado incluso cuando llueve? Seguiría traduciéndose literalmente, pero se perdería el matiz de que el Hombre de los Gatos también está obsesionado por las expresiones idiomáticas. ¿Y si en otra novela el que dice que están lloviendo perros y gatos fuera un estudiante de inglés de la academia Berlitz que no consigue sustraerse a la tentación de adornar su discurso con deplorables anglicismos? Si hubiera que traducirlo literalmente, en este caso al inglés, el lector profano no entendería que se está usando un anglicismo. ¿Cómo se vertería esa pose anglicanizante? ¿Debería cambiársele la nacionalidad al personaje y hacer que se convirtiera en un inglés con poses italianizantes?, ¿o en un obrero de Londres que ostenta sin éxito un acento de Oxford? Sería una licencia insoportable. ¿Y si “It’s raining cats and dogs” lo dijera, en inglés, un personaje de una novela francesa?, ¿cómo se traduciría al inglés? [...]
Decir casi lo mismo, Umberto Eco
Traducción de Helena Lozano
